En los últimos meses hemos sido testigos a través de los medios informativos y sociales, del aumento de actos violentos en nuestra sociedad. A pesar de las tantas consecuencias negativas que se desprenden de estas situaciones, proporcionan también una oportunidad para reflexionar acerca de los valores que, como familia,queremos fomentar en nuestros hijos. En este artículo compartimos con ustedes algunas ideas sobre como fomentar la tolerancia, un valor esencial para construir una sociedad de paz, y que tanta falta hace en estos días en nuestro país.
La tolerancia (hacia uno mismo y hacia los demás) es una condición necesaria para el bienestar psicológico al que solemos denominar felicidad. Es decir que educar para la tolerancia no es sólo necesario para hacer una sociedad más justa y solidaria, sino también una cuestión de egoísmo inteligente, un requisito para mejorar la calidad de la vida y enseñar a construir la felicidad desde la educación.
La intolerancia suele basarse en una simplificación de la realidad social, percibiendo a las personas que forman parte de un grupo como si fueran un único individuo, sin reconocer las múltiples diferencias que existen entre ellas. La calidad psicológica de las personas que perciben el mundo en dos categorías suele ser muy reducida, puesto que cuando lo que les rodea no es perfecto (como sucede con frecuencia) lo ven de forma muy pesimista, como totalmente inaceptable.
Las situaciones en las que se siente un alto nivel de inseguridad e incertidumbre, sobre todo en relación a la propia identidad, pueden activar la intolerancia. ¿De qué depende que la duda y la incertidumbre se conviertan en fuente de progreso o de intolerancia? Suele producirse progreso cuando la persona que las experimenta no tiene miedo de dudar, cuando ha aprendido a aceptar dicha duda y a utilizarla para buscar nuevas soluciones a los problemas que la suscitan. Por el contrario, suele producirse intolerancia cuando la persona se siente muy insegura y trata de reducir la incertidumbre considerándose superior, sólo por el hecho de pertenecer a un determinado grupo (por ser hombre o tener la piel blanca, por ejemplo), y considera inferiores a las personas de otros grupos.
En la adolescencia existe un riesgo muy alto de identificarse con formas extremas de intolerancia, ya que la tarea básica del joven –construir una identidad diferenciada averiguando qué quiere hacer en la vida- origina un alto nivel de incertidumbre que, sumado al que implican los actuales cambios sociales, puede resultar para algunos adolescentes muy difícil de soportar; especialmente cuando no han desarrollado tolerancia a la ambigüedad, cuando no han aprendido a vivir el conflicto y la duda como elementos necesarios para crecer.
En función de lo anteriormente expuesto cabe destacar las siguientes pautas para educar a nuestros hijos en la tolerancia:
1. Enseñarles desde edades tempranas a afrontar la incertidumbre y el conflicto, permitiéndoles plantear y resolver sus dudas e inquietudes, ayudándolos a entender y expresar lo que piensan y sienten, así como lo que piensan y sienten los demás, especialmente en situaciones complejas y conflictivas. De este modo, comprenden que la duda y el conflicto forman parte inevitable de la vida y que pueden representar una oportunidad para el desarrollo.
2. Trasmitirles mensajes tranquilizadores en situaciones de dificultad, concentrándonos en las soluciones a los problemas y valorando los avances con optimismo, aunque sean mínimos. Estas pautas pueden empezar a aplicarse desde que los niños tienen cierta capacidad de comprensión verbal, a partir de los dos o tres años.
3. Enseñarles a superar, desde que su capacidad de comprensión lo permita (6 ó 7 años), las situaciones blanco-negro, ayudándoles a pensar con matices. De esta forma, al aproximarse a la adolescencia podrán comprender la perspectiva de los demás, y cómo influyen los intereses y el contexto en sus sentimientos y pensamientos.
4. Proporcionarles desde la infancia contextos heterogéneos, porque la tolerancia, la igualdad entre hombres y mujeres y el respeto intercultural, se aprenden con la práctica. En los contextos homogéneos hay menos conflictos, pero también menos oportunidades para aprender a resolverlos, y el mundo en el que van a vivir va a ser muy heterogéneo.
5. Ayudarlos a construir una identidad basada en la tolerancia y los derechos humanos, a través de la interacción con adultos que expresen dichos valores, así como con grupos de compañeros constructivos, con los que puedan desarrollar su sentimiento de pertenencia.
Formar hijos tolerantes no es sólo necesario para crear una mejor sociedad, sino un requisito para mejorar su propia calidad de vida, ya que recibirán más respeto, cuanto más respeten a las demás personas.
Díaz, María José (2006). Pautas para prevenir la violencia desde la educación. en El acoso escolar y la prevención de la violencia desde la familia. Dirección General de Familia y Asuntos Sociales, Comunidad de Madrid. España.
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