Todos los niños sin excepción necesitan rutinas o hábitos diarios, que les brindarán la posibilidad de ir desarrollando responsabilidades.
Esos hábitos y rutinas deben ser incorporarlos desde temprana edad. Si esperamos a formarlos, cuando tenga los 4 o 5 años, nos resultará una tarea mucho más compleja.
¿Cómo los incorporamos? ¿Cómo hacemos para que aprendan esos buenos hábitos, modales y rutinas que necesitarán en el futuro para desenvolverse correctamente dentro de la sociedad? Pues simplemente, repitiendo una y otra vez los mismos, y principalmente de la manera en que los niños aprenden todo: imitando. Si queremos que los niños tengan buenos hábitos, los adultos deberemos ser los primeros modeladores de los mismos.
También resulta positivo explicarle la razón de las acciones, porque es bueno lavarse las manos antes de comer, cepillarse los dientes, bañarse, como influyen estas tareas en la salud, etc. En un comienzo será positivo ayudar al niño a realizar los mismos, para que luego ir entregando poco a poco la responsabilidad al niño de hacerlo solo.
La clave para todo esto es la constancia, la paciencia y la repetición. Tanto los hábitos como las rutinas, pueden tardar algunos meses en incorporarse, pero no por eso debemos decepcionarnos o pensar que es una tarea imposible.
Es claro que en algunas ocasiones deberemos ser flexibles y adaptar las rutinas a las necesidades del niño, sobre todo a medida que vaya creciendo y sus actividades y horarios puedan ir cambiando.
La tarea no será sencilla y si queremos que sean futuros integrantes de una sociedad, deberemos acompañarlos durante todo su crecimiento, con amor, tolerancia y sobre todo, con la conducta ejemplar diaria.

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